Inteligencia Financiera de La Orden de los Anillos.

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La financiación es una de las materias que imparten a sus hijos desde muy pequeños. En sus casas y colegios les enseñan qué es el dinero, para qué sirve y cómo se gestiona. No lo hacen con ánimo de adoración ni de provocar en el niño deseos de acumulación, sino desde la comprensión de que es un recurso más, necesario para subsistir y que se gestiona bajo unas reglas básicas. Les enseñan qué es el ahorro, la financiación, distintos modelos y a detectar los flujos de entrada y de salida. De esta manera, consiguen desvincular al dinero de las distintas emociones que normalmente le acompañan, avaricia, egoísmo, miedos, etc. Con esto evitan que los jóvenes caigan en las tentaciones tan comunes de hipotecarse durante el resto de sus vidas para adquirir un “no activo”. Los miembros de esta Orden no necesitan crédito porque cada generación pone a disposición de las futuras, un colchón financiero con el que realizar nuevas inversiones (ya hablaremos de cómo toman estas decisiones) y para afrontar urgencias inesperadas y un conglomerado económico productivo que genera recursos constantes que reinvierten. Los nuevos proyectos son estudiados con detenimiento, tiempo, minuciosidad, serenidad, ya que serán mantenidos en el tiempo y son fruto de una estrategia madurada, planificada, medida y analizada desde todas las perspectivas, siendo que, cuando deciden acometerlo, no fallan. La ejecución es rápida (incluso sorpresiva) y decidida. Sus negocios suelen crecer de manera concéntrica, es decir, como una mancha de aceite. Son líderes de un mercado y antes que diversificar y cambiar de sector, amplían el que ya conocen dirigiendo sus esfuerzos siempre al liderazgo de su mercado. Como digo, se financian con sus reservas, o bien establecen alianzas entre las familias, de tal manera que si algún miembro necesita un recurso de otro, es ayudado mediante la participación en el negocio temporal o perenne estableciéndose entre ellos unos lazos de confraternidad. No obstante, sus nuevos proyectos no suelen conllevar grandes desembolsos económicos, sino más bien van aglutinando recursos adicionales a través de la reinversión de sus propios beneficios. Pocas veces deciden apostar fuertes recursos por un crecimiento rápido en un plazo corto de tiempo, ya que consideran que esto es como el azúcar en la sangre, desvirtúa el negocio y engaña a la organización.
Los negocios son atendidos por las propias familias, con ayudas puntuales de personal foráneo y preferiblemente miembros de la orden, con quienes ya comparten muchos principios y de quienes están seguros que no se harán nunca una competencia destructiva. Por tanto, el coste laboral es siempre muy contenido. Además sus asignaciones son muy discretas ya que no necesitan de grandes lujos ni de mantenimientos de grandes caprichos.
Su esquema financiero es algo distinto al estándar, ya que no consideran “activos” a todos aquellos bienes que les supongan una merma en su flujo de caja. Este concepto, el flujo de caja, cobra para ellos especial. Por ejemplo, no tienen palacios ostentosos y ornamentales que supongan desembolsos en mantenimiento, sino casa familiares con terrenos e instalaciones que producen ingresos por la labor del campo, carpintería, talleres,etc.

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