Cultura Emprendedora de la Orden de los Anillos.

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Estas familias tienen grabado en su ADN el código emprendedor. Para ello, mantienen constantemente sus antenas orientadas a

la oportunidad y al entorno. Viven el entorno y detectan cambios, hábitos, costumbres y necesidades que tratan de cubrir en tiempo record. Desde muy pequeños han jugado a descifrar y detectar oportunidades y a saber cuándo y cómo desplegar velas y cuando recogerlas. Uno de los valores más importantes para ellos es la no dependencia. Tienen muy claro que no deben nunca depender de un crédito del banco, su negocio no puede nunca estar bajo el mando tutela o dominio de un competidor, ni de un socio, ni de una Administración, ni de una regulación normativa temporal, sino que saben desarrollar y conocen las herramientas adecuadas para desplegar estrategias de expansión y marcan los ritmos de sus mercados. No estamos hablando de grandes magnates de las finanzas, ni de grandes devoradores de recursos, ni tiburones financieros, sino de pequeñas empresas que crecen de manera contenida y consolidada, paso a paso, líderes locales en la sombra, que reinvierten el cien por cien de sus beneficios y que no están dispuestos a sacrificar el medioambiente ni el bienestar de las generaciones venideras por un bienestar excedido a corto plazo.
Desde hace siglos, cada mes, en sus liturgias, se hacen referencias y rinden gratitud a casos de antepasados que se esforzaron para garantizar el bienestar de los congregados. De esta manera, rememoran casos concretos y ensalzan y celebran los valores de la orden, sostenibilidad, perdurabilidad, independencia, confraternidad y cooperación.

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