Dibuja la Línea de tu Vida. Te dará la Perspectiva que necesitas.

Vivimos, transcurren los días, uno tras otro, cargados de experiencias, reaccionando ante cada alternativa, tomando decisiones, cargando con nuestras responsabilidades y aplazando siempre lo importante. A medida que nos hacemos mayores, el tiempo pasa más deprisa, ¿por qué?. ¿Qué hace que sintamos que los días se amontonan tras nuestros pasos, inertes y sin posibilidad de volver a ellos para rectificar?

Avanzamos cada día más rápido, pero con las luces de cruce, las que no permiten ver más allá de lo que tenemos inmediatamente delante, lo suficiente para poder regatear en un suspiro a nuestro obstáculo sobrevenido. Esta falta de visión es lo que provoca reacciones constantes ante estímulos determinados, ante una flagrante falta de horizonte.

Stephen Covey, gurú de la gestión del tiempo y la eficiencia de los recursos, predica en su libro “Los siete hábitos de la gente altamente efectiva”, que los estímulos ante los que actuamos, se dividen en cuatro cuadrantes en función de su importancia y urgencia. Diferencia entre importante y urgente y entre la combinación de ámbas, surge una matriz.

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Es cierto que existen cosas urgentes y muchas pero, ¿realmente lo urgente es lo importante? Lo urgente se resuelve con las luces cortas pero, si no cambiamos algo, permaneceremos en un camino estresante y sin sentido durante toda nuestra vida. Lo que llamo actuar como pollo sin cabeza. Es verdad que es dificil levantar la atención de lo urgente y empezar a atender a lo importante, que normalmente está más relacionado con la felicidad. Pudiera incluso parecer una labor de malabaristas continuar atendiendo las tareas diarias urgentes, mirando al horizonte.

Pero ¡¡para por un momento!! Haz un ejercicio de elevación, de disociación de tu persona y vuela como si fueras un águila. Allí, en lo alto, contempla el punto que conformas en la tierra, una molécula insignificante en la inmensidad del planeta. Existen millones como tú a tu alrededor, que se mueven alocadamente levantando una polvareda tremenda. Y mira el surco que ha trazado tu vida tras de ti. Un surco formado por unas piedras unas veces más grandes que otras; es la línea de tu vida pasada y en ella puedes ver como afrontaste determinados momentos, unos más felices que otros. Sitúate en cada uno de los tramos de tu vida pasada y recuerda qué estabas haciendo en ese momento, qué anhelabas, con qué soñabas. ¿Eras alguien feliz, ambicioso?. ¿Qué habilidad tenías que te hacía sentir el protagonista absoluto de tu grupo? ¿Practicabas deportes o eras un gran estudiante? Y recuerda aquel momento tan duro y del que tanto te costó recuperarte. ¿Orgulloso de tu pasado? ¿Te arrepientes de haber hecho algo o, por el contrario, de haber dejado de hacer algo? Muy posiblemente en uno de esos momentos hiciste un comentario similar a “si volviese a nacer..”

Y si en uno de esos momentos pasados pudieras intentar visualizarte en el momento actual, ¿qué aspecto tendrías? supongo que te imaginarias con el uniforme de la profesión con la que soñabas, futbolista, médico, bombero… Retrocede mas y recuerda que respondías cuando tus padres te preguntaban qué ibas a ser de mayor. Y ahora mirate, ¿eres aquello que te respondiste? ¿te pareces en algo a esa visión que tuviste en el pasado? Y aunque no te parezcas, sientes que te has desempeñado lo suficiente y has combatido lo necesario para alcanzar tu sueño.

Continúa en las alturas porque ahora vas a proyectar el surco de tu vida en el futuro. Con lo que sabes hoy, con tu experiencia, debes valorar si tu actitud hasta el momento presente será suficiente para avanzar de aqui en adelante. Desde las alturas, fija tu mirada de aguila en el punto que representa el 90% de la linea de tu vida y trata de visualizar cómo será tu vida en ese punto, qué familia tienes, dónde vives, en qué ciudad, qué calidad humana tienes y qué irradias en tu entorno. ¿Crees que haces feliz a tu entorno? ¿Crees que has alcanzado tu objetivo en la vida? y en caso negativo, ¿has luchado lo suficiente para que así fuera? Llegado ese moemento, habitualmente uno sólo se acuerda de la felicidad, del amor que ha recibido y que ha ofrecido, de cuanto ha ayudado a su entorno y de lo que ha construido a su alrededor. Y algo muy importante, existen grandes temores de morir sin amor y con sentimiento fracasado. Para eso sirven las luces largas, para poder encenderlas y vislumbrar con claridad nuestro entorno y adquirir orientación y la perspectiva necesaria para poder analizar con rotunda serenidad qué queremos en esta vida, para qué y qué precio estamos dispuestos a pagar para alcanzarlo. Este vuelo del aguila tan necesario, nos arrojará luz sobre nuestra percepción vital y permitirá ganar un poco de tiempo para marcarnos un propósito en la vida que nos aporte alta motivación, entusiasmo para afrontar un desafío encantador. Sólo así, mentalizándonos de nuestro desafío y focalizando nuestros esfuerzos en aquell punto final de la linea de la vida, obviaremos cuantas obstáculos urgentes nos asalten en el camino, delegando en otros esos problemillas, para poder adquirir la visión necesaria. Sólo así, llegado el gran momento del ocaso, nos brillarán los ojos más de la cuenta al recordar que a lo largo de la vida hemos combatido con bravura en busca de nuestra felicidad.

Muchas gracias por seguir estando.

Espero y deseo que este post impulse en la dirección adecuada a todos cuantos lo leáis y os insufle bocanadas de actitud y entusiasmo ante vuestro surco vital. No habrá nada más gratificante que responder con una mirada noble, heridas y sudor. ¿Cómo le veis?

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