Hay que liarla… Y se lió.

Esta es la crónica de Perico sobre la etapa que le impulsó hacia el podio en el tour de Francia hace 25 años. Pone los pelos de punta ponerme en el lugar de este líder en aquellos momentos.

Qué pensamiento ocupaba su cabeza? Que sentimiento reinaba su corazón? Que visión merodeaba su mente? En esos momentos previos al ataque, en su momento felino, agazapado en el pelotón, avanzaba a hacía su presa desde el sigilo, camuflado entre los corredores, con un fin en mente, concentrado en el próximo hachazo, acumulando energía rebelde que debía canalizar a través de las piernas, filtradas antes por su mente.

Pero sólo le faltaba el detonante que encendiera la mecha del polvorín. Sobre su espíritu, el sentimiento desafiante del reto, la mirada rebelde inadaptada, incómoda, que demostraba el inconformismo con su posición en la general y no haber llegado todavía el momento de demostrarlo, su momento.

Pero la llama llegó para encender la mecha. Se llamaba Ángel Arroyo. “Líder, hay que liarla…”

Sólo esa vocecita de un coach… Y se lió…

Momentos cargados de emociones, que impulsan a la gloria.

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