El propósito en el trabajo o caer en la “rat race”.


Por José Luis Serrano.

En el post anterior comenté cómo llegar a la felicidad a través del ejercicio de fluir y comenté la idoneidad de que nuestra actividad laboral consistiera en poner en funcionamiento alguno de nuestros talentos, para así conseguir que gran parte de nuestro tiempo transcurriera embebidos en nuestra pasión, con todo lo que eso puede conllevar.

Pero son mayoría, desgraciadamente, los que no tienen esa fortuna. Son mayoría los que no se encuentran en condiciones de elegir su trabajo, dónde pasar la mayor franja temporal de su vida. No hay más que atravesar un polígono industrial y observar la masa de operarios que forman parte de una cadena de montaje, donde permanecen de pie realizando movimientos de ensamblaje repetitivos, como si de una maquina más se tratara y durante largas jornadas de trabajo. Se trata de un trabajo más que digno, meritorio e imprescindible para el buen funcionamiento de la empresa, pero el hecho que quiero destacar es el la incapacidad de elección. No quiero decir que no existan personas cuya principal destreza sea esa precisamente, que si las hay, sino que la carga física que eso conlleva, en un entorno poco amable, rodeado de máquinas y embalajes, etc y a cambio de una remuneración exigua, sin duda termina por minar el aliento de toda persona, cuando intenta imaginar que pasará así el resto de su vida laboral, independientemente de su salud. En estos momentos más todavía, porque la situación económica internacional, la nacional en particular y el estancamiento del mercado laboral, no favorecen la posibilidad de elección del trabajador.

Por tanto, debemos ser capaces de ponernos en la piel de un joven recién salido del bachiller y que decide no continuar sus estudios bien por falta de medios y porque debe contribuir de urgencia en la economía familiar, o bien por ausencia de cultura académica en su hogar. A este respecto, se acaba de publicar por parte de la oficina estadística europea Eurostat, el estudio anual de escolarización, en el que España, una vez más, lidera la clasificación del porcentaje de niños que abandonan los estudios tras la enseñanza obligatoria ESO. El 23,5% de los estudiantes españoles abandonan sus estudios para ponerse a trabajar, escalofriante.

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Además, unámosle la incapacidad para emprender por ignorancia de los recursos existentes y asunción de la creencia que él nunca podrá ser empresario, muy habitual en los hogares humildes. En esta situación se encuentra una buena parte de la población de España, lo que conforma una trampa para los jóvenes y una losa para el panorama nacional y que nuestro sistema “político” no está sabiendo/queriendo gestionar.

En consecuencia, a estos jóvenes sólo les queda una esperanza, la de salir a buscar trabajo a cualquiera de las empresas de su entorno geográfico, aceptando cualquier empleo por muy malas que sean las condiciones. Y además, a sabiendas de que no está en condiciones de poner en valor ninguno de sus talentos, porque ni siquiera las conoce, porque su autoestima esta por los suelos y porque si renuncia, hay un ejército tras él esperando para aceptar. El joven empezará su vida laboral motivado por sus primeros sueldos que siempre engatusan y que suelen dedicarse a adquirir financiación para hacerse con todo aquello necesario para vivir, una casa y un coche como poco, participando así en lo que el autor de bests seller Robert Kiyosaki denomina la “rat race” o carrera de la rata, recordándonos a la rueda giratoria en la que corren sin parar los hámsters en sus jaulas.

Pero tras esto, hay algo aún todavía más desalentador y que usualmente es descubierto por el trabajador tras la etapa inicial de motivación. El el propósito, la misión, el “para qué” de su trabajo y peor aún, de su vida. Normalmente aparece en una etapa de cansancio, cuando, tras una cada día más larga jornada laboral, vuelve a casa, cena y duerme para, tras unas horas, volver a la misma rutina de un trabajo aciago y sin sentido. Nuestra actividad laboral es determinante en nuestra satisfacción vital, no en vano, pasamos la mayor parte del día en nuestros puestos de trabajo. Si no se encuentra razón de ser al trabajo surge la desmotivación, la sensación de fracaso, la merma considerable de autoestima y muchas consecuencias desagradables derivadas de todo ello. Esto se traslada al resto de facetas por lo que terminamos por percibir que nuestra vida no tiene ningún sentido y seguramente la sensación de haberla malgastado

Sin embargo, quien tiene la suerte de tener un trabajo cuya actividad coincide de alguna manera con su talento, especial habilidad, reconoce en su trabajo una misión de manera inmediata. Son todos aquellos que se les ve felices en el trabajo, que contagian e irradian alegría y además les pagan. Un conductor de grúa que atendía a viajantes averiados, solía decir con orgullo y ojos brillantes que había venido al mundo a ayudar a todo el que se encontrara tirado en la carretera para que llegaran a su hogar con sus familias y que sólo con pensar en la alegría de aquel hogar le reconfortaba. Ese sentimiento le impulsaba a propiciar conversaciones, a interesarse por las personas a las que ayudaba y a sentirse pleno de orgullo cada vez que realizaba su trabajo.

Recientemente he descubierto este video que aquí os dejo. En él, podéis ver una entrevista que realizan a una persona que en su pasado mendigó y que decidió escribir un libro sobre el mundo de la mendicidad, de la indigencia, como a él le gusta decir. Alguien quien estuvo al borde del abismo, con un sentimiento de pérdida total de la esperanza, se lanzó a escribir sobre este estado y describir la situación de muchos de sus compañeros de andanzas. En sus expresiones se puede ver cómo siente que ha descubierto su propósito en la vida y esta es precisamente su riqueza recién adquirida. Avanzando en este mundo de los libros, decidió convertirse en librero y describe con alegría cómo muchos de sus clientes le comentan que siempre quisieron ser libreros y ganarse la vida con historias y cuentos que ayudaran a los demás. Pero no se ha convertido en un librero convencional, sino que se ha lanzado en una aventura sin precedentes, montar librerías en los mercados tradicionales. Su realización es tan plena, que le ha impulsado a querer diferenciarse, creando una marca personal muy singular y de la que se siente muy orgulloso. Fijaos que no estamos hablando de negocios exitosos, sino que dan dignamente para vivir; y que él mismo dice que no es un gran productor de literatura, sino que lo más importante es el sentido que da a su vida el hecho de que pueda ayudar a sus compañeros los indigentes a salir, al tiempo que divulga al resto de la sociedad un hecho aterrador, el de la soledad indeseada y sin escapatoria, todo ello mientras trabaja escribiendo y vendiendo historias en lugares muy de la calle.

Y que duda cabe que el sentido de nuestro trabajo influye determinantemente en el sentido de nuestras vidas y en las de nuestro entorno y por ende, en el encuentro de la felicidad. Y no es siempre necesario que decidamos buscar un trabajo específicamente a nuestra medida, sino que seamos capaces de salpicar el que tenemos con nuestra especial habilidad, a través de ese talento que hace que nos sintamos realizados y que le encontremos el propósito. Y lo mismo ocurre en el ámbito empresarial, dónde es inconcebible que una empresa no describa y divulgue entre sus “stakeholders”, con especial énfasis, el propósito de su existencia. Es el factor más crítico del éxito.

Os dejo con un vídeo que cuenta la preciosa historia de un tutor que despierta la conciencia de sus pupilos antes de elegir sus estudios.

Gracias por estar.

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