Aprender personalmente de la Estrategia empresarial.

La estrategia empresarial es una disciplina muy evolucionada, quizás porque, junto con el deporte,  son campos en los que competimos por sobrevivir y sobresalir de manera consciente. Pero claro, para elegir una alternativa estratégica, es obligatorio descartar otras tantas, por mucho que cueste, ya que en caso contrario estaríamos incumpliendo la planificación y actuando como el velero que navega sin rumbo, a merced de su capacidad de reacción ante los inevitables avatares. 

Cuando una compañía obtiene su planificación estratégica o plan durante los próximos 5 o 10 años necesario para alcanzar su visión, es decir, aquel lugar en el que se quiere llegar a posicionar, ha sido necesario ejercitar su capacidad de diagnóstico interno, externo, su posición relativa con respecto a la competencia y, en función de una serie de variables, elaborar un plan de acción. A todos nos suena el famoso análisis DAFO (debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades), las cinco fuerzas de “Porter” para analizar nuestro nivel competitivo en nuestro sector, etc.

Este análisis, que con tanta minuciosidad y esmero, realizan las empresas con ambición de prosperar, es una herramienta perfectamente válida para las personas. La lógica de los planteamientos empresariales es perfectamente modelable en nuestras conductas, con ciertos matices. Uno de estos matices, puede ser el de la competición, pues en personas está comprobado que uno vence cuando conseguimos un estado de “win to win” con el entorno, es decir, cuando todos tenemos un nivel adecuado de percepción de victoria. 

Una de las premisas en el ámbito empresarial es que la estrategia debe basarse en potenciar aquellos factores críticos de éxito en los que se tiene un desempeño excelente o superior a la media, en lugar de tratar de mejorar nuestros aspectos más débiles. Es decir, una empresa cuya fortaleza esta basada en una ventaja competitiva tal como el precio de la materia prima (un manantial de agua en la finca) debería centrarse en llevarse el mercado por precio antes que por alta “customización” y especialización. Lo lógico es que afrontara su estrategia en base a su fortaleza antes que tratar de mejorar en una posible deficiencia en la ubicación de sus establecimientos de distribución. En el caso de que esta empresa basase su estrategia, de manera equivocada, en mantener precios altos e intentar mejorar la ubicación de sus tiendas, estaría dejando de ganar cuota de mercado, no vendería más dado que el precio es similar al de la competencia y estaría perdiendo un tiempo precioso en modificar la ubicación de sus tiendas, lo que implicaría riesgos económicos y que la competencia le pudiera desplazar al ser más poderosa en el terreno inadecuadamente elegido. Por tanto, el sentimiento de la empresa en esta batalla sería de miedo, incertidumbre, baja autoestima, no sentir dominio del producto ni de mercado e navegaría de manera constante a merced del ritmo que marcaran sus competidores, quienes ganarían cuota de mercado inexorablemente.

Pues bien, esto mismo ocurre en las personas cuando tomamos nuestras decisiones sin tener en cuenta unos mínimos factores de estrategia personal. Cuando desconocemos nuestros puntos fuertes o no los damos la importancia real, nuestra autoestima tiene mucho margen de mejora, lo que implica que nos centremos en nuestras debilidades, lo que provoca inexorablemente que, por comparación, fluyan nuestros miedos e inseguridades y que todos nuestros planes de acción surjan de manera reactiva, y actuando como pollo sin cabeza, como el navegante que centra sus extenuantes esfuerzos en salvarse de las constantes tormentas y de reparar sus velas, en lugar de avanzar a su destino, puesto que no tiene.

Estos miedos pasajeros se convertirán en temores constantes, lo que implica alteraciones fisiológicas de defensa, y nuestro organismo empezaría a segregar sustancias que provoquen conductas inoportunas. El mantenimiento de esta fisiología en el tiempo, termina provocando depresiones, úlceras, etc, por lo que es determinante romper estas tendencias cuanto antes. 

El miedo, la ansiedad, el estrés, las fobias… son todas emociones de la misma familia y cuya semilla surge en un momento determinado, sin darle importancia. Esta sobreexcitación del sistema simpático destroza nuestro organismo a nivel físico y por su puesto a nivel mental y cuyas consecuencias pueden ser insospechadas.

Pero, como en el mundo de la empresa, que sí tiene recursos con los que reaccionar e investigar, siempre podemos cambiar de estrategia y pasar de un estado de debilidad a un estado de fortaleza para aprovechar todas las oportunidades que nos presenta la vida. Esta sensación de dominio y control de nuestra actividad provoca reforzamiento de nuestra autoestima, lo que retroalimenta nuestra motivación y orientación al logro. De esta manera alcanzaremos el éxito (qué es el éxito personal) previa definición de estrategia acertada. De esta manera, no es dificil pasar de un estado de estrés incontrolado a un estado de flujo, mediante el cual alcancemos la armonía neuronal tan necesaria para acercarnos a la felicidad. 

Y si no, que se lo pregunten a Mihaly Csikszentmihalyi…

Todo esto y más, trataré de ampliarlo en mi próximo taller de Estrategias emocionales efectivas, muy útiles para ayudarnos a gestionar emocionalmente nuestros desafíos particulares, desde bloqueos para emprendedores, mejorar el rendimiento directivo y deportivo y alcanzar cuotas de alto rendimiento en cualquier ámbito de la vida.

 

Gracias por estar.

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