Refugiado bajo el Manual: HOLOCAUS-GITAL

Llevaba tiempo queriendo escribir sobre los avances científicos, la tecnología y sus aplicaciones en la vida real de cada uno y de la sociedad en general. Esto último es clave, ya que la realidad social es una consecuencia de las actitudes individuales de cada uno, porque habitualmente existe la sensación de que estamos abocados a la inercia de la masa y al fin y a la postre parecería que somos consecuencias sin responsabilidades.

Todo surge tras leer estos días los despidos masivos de las empresas en busca de una máximo beneficio. Riadas de personas salen despedidas y engrosan de nuevo las largas filas del desempleo. Ante este drama, duele cuando todavía muchos reconocen en este proceso un proceso de saneamiento de la empresa para agregar valor, como si las personas humanas despedidas fueran el “cáncer” de la sociedad. Repito, me escandaliza la falta de lucidez de los que piensan así , de los políticos quienes promueven el aumento del valor de la acción en lugar de buscar el aumento del valor de la sociedad. No es extraño que los directivos no se esfuercen en fomentar el talento en la dirección adecuada, la de fomentar el trabajo y los recursos productivos. Todavía hoy, el discurso de Marx tiene vigencia plena, precisamente por la falta de talento de muchos. Hoy, el Ibex 35 es un índice exitoso y todos apostamos y compramos acciones de sus empresas en busca de un aumento de nuestro beneficio y jaleamos los despidos masivos para ver cómo ganamos unas decenas de euros más, aunque sea nuestro vecino el despedido. No se trata de favorecer el trabajo subvencionado sino de crear tendencia contraria a la actual.

En este contexto, vuelve a adquirir relevancia la idea de escondernos tras la inercia de los vicios sociales, escabullendo la responsabilidad individual, cuando en realidad debemos replantear muchas de nuestras actitudes ante injusticias. Os pongo un ejemplo que he sufrido en carnes propias: hace unos meses intento hacer una trasnsferencia desde mis cuentas y no puedo, así que llamo al banco y me dice que tengo todas las cuentas y mis escasos saldos bloqueados por hacienda. Acudo a hacienda y tras esperar mi turno tras una cola de unas cien personas en “embargos” me indican que han procedido a embargar todas mis cuentas por tener una deuda impagada y que no he contestado a los requerimientos remitidos. Les indico que no tengo conocimiento ni he recibido nada pero el funcionario indica que Correos les ha comunicado que sí me lo han mandado, así que les pido mi firma de recepción y me responden que no tienen porque aportar mi firma. Además, me dicen que estoy obligado a leer el Boletín Oficial donde toos los días se informa de estos procedimientos de embargo. Le pregunto por qué embargan todo aunque la deuda sea inferior, dado que eso me imposibilita seguir viviendo y me responden que su práctica habitual es la de bloquear todos los saldos y provocar la inacción del embargado. Cuando le dije al funcionario que no puedo vivir sin dinero este me indica que él cumple con su manual . Tras esta locura y angustiado ante la idea de no poder pagar ni siquiera la comida de ese día le pregunto por la posibilidad de aplazar el pago y me responde que no, porque ya han trabado el embargo y procederán a retirar los fondos. Ante esta barbaridad le dije que yo era una persona de 45 años y muy posiblemente pudiera valerme por mi mismo para sobrevivir, pero esto mismo puede hundir a una persona mayor o vulnerable por cualquier otra causa y el funcionario volvió a reiterar que él cumplia con su manual. De la noche a la mañana y sin esperarlo, por motivos totalmente injustos como una alteración de valor catastral, me quedo totalmente marginado de una sociedad que cumple con su manual.

¿Estaba actuando el funcionario bien obviando una urgencia social? ¿debemos siempre ajustarnos a un manual?

Nos encontramos en plena revolución digital, en la que los autobuses no necesitan conductor, en el que la inteligencia de las máquinas sustituyen a la de los humanos, en la que el trabajo está desapareciendo y ya ni siquiera se paga, en la que el comercio fluye a través las redes digitales, etc. Además, ahora surge el BIG-DATA, algo así como una nueva deidad a la que adorar y que no es más que una nueva inteligencia artificial. La sociedad avanza vertiginosamente hacia un nuevo modelo que se organiza en torno a unos parámetros desconocidos en los que se busca una eficiencia y productividad infinitita cueste lo que cueste y en el que el primer perjudicado es el individuo. Es una contradicción sin razón o quizás al contrario. Un exceso de racionalismo deshumaniador es el motor de este avance.

Las instituciones pierden prestigio y autoridad y sobrepasan los límites al tratar de manera denigrante a las personas sin importarle la vulnerabilidad incluso de los mayores o los discapacitados. Hemos cambiado unos valores solventes por otros efímeros que tan pronto vienen como se van. Si a todo esto, le unimos esa búsqueda despiadada del máximo valor al dinero y el sometimiento de los individuos a una burocracia del “manual”, cobijados bajo la tecnología que otorga ese anonimato edulcorado del individuo, los resultados pueden ser inquietantes.

A este respecto, solo decir que el sistema burócrata nazi consiguió pulir todos los procesos de una manera igual de deshumanizadora . Hemos crecido avergonzados del holocausto pero sus causas no han desaparecido de nuestros motivos y cada día más personas perciben lo mismo bajo otras formas. La tranquilidad que otorga un manual al individuo descargándole de toda responsabilidad e inutilizando las conciencia individuales. Ya lo decía Howard Gardner, premio príncipe de Asturias: ante una disyuntiva, decántate siempre por la tercera opción, la tuya.

Hannah Arendt, una judía alemana, recibió el encargo de una revista para informar sobre el proceso contra el teniente coronel de las SS Adolf Eichmann para lo cual pudo convivir a su lado mucho tiempo. Quiso comprender sus motivos y descubrió que era una persona muy normal, como las demás, no era demoniaco ni monstruoso, solo se había dejado someter a la burocracia del mal, aquella que buscaba maximizar en todo momento el beneficio del momento, cobijándose bajo el manual del sistema y rehuyendo cualquier cuestionamiento moral intimo e individual que desatara las alarmas a tiempo.

Aquí lo dejo. Sirva este como un intento de derramar emociones y cierta sensibilidad sobre el manto digital que envuelve a la sociedad red de hoy y tengamos la valentía y honestidad de apartar en ocasiones el manual y escuchar a nuestra conciencia. Porque la sociedad es consecuencia de conductas individuales guiadas por conciencias y no desde redentores manuales impuestos que redimen de responsabilidad a todo aquel que bajo su ala se cobija.

Gracias por estar.

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