La vela de la motivación

 

Los veranos son tiempo de desconexión de lo habitual y re-conexión con todos esos asuntos pendientes. Quizás el asunto pendiente más urgente sea la propia desconexión porque solo tras ese paso, es posible adquirir la necesaria perspectiva que contribuirá a ampliar y clarificar el campo de visión. En mi caso, el ejercicio físico es necesario, quizás en una proporción mayor que la media. Así que decidí que todas las mañanas practicaría un poco de running y terminaría con un tiempo de natación. Los días de playa son fantásticos porque la mezcla de luz, horizontes abiertos, brisa marina y nuevos paisajes es muy vigorizante.

Nadar en el mar conlleva gestionar una variable  más, las corrientes. Este fenómeno es el que me ha llevado a esta reflexión. Cada vez que pillaba una corriente a favor, el esfuerzo era muchísimo menor y mi motivación aumentaba al percibir que la economía de recursos empleada era la adecuada. Sin embargo, cada vez que lo hacía contracorriente, la pelea era bastante aciaga.

Algo parecido sucede con el plan de acción de cualquier puesta en escena de un desafío. Los entrenamientos, los hábitos suponen caer en una rutina difícil de sobre llevar en ocasiones y suponen el motivo de abandono de numerosos procesos de cambio, de entrenamiento o de alcance de objetivos. Sin embargo, existe un ingrediente que actúa como corriente a nuestro favor, como si fuera una gran vela que se iza para aprovechar el viento en popa. Es la motivación. Este factor multiplica las opciones de éxito de un proceso y convierte en más asequible el empleo de recursos necesarios.

Recientemente, en una entrevista de trabajo, el director de formación me preguntó cómo motivarías a los miembros de una plantilla. Fue en tiempos de crisis por lo que, obviamente el factor económico estaba descartado de antemano. Respondí rápidamente y casi sin pensar: “de momento, escuchando“, le dije. Solo por ser escuchado, está demostrado que uno se siente partícipe de algo, protagonista y por tanto, aumenta su grado de compromiso y responsabilidad. Claro está, que la escucha de be ser honesta y sincera así como para reajustar conductas.

Otros aspectos que influyen en la motivación pueden ser los siguientes:

  • Que el actor cuente con la habilidad necesaria para la tarea.
  • Que se perciba con recursos superiores al desafío.
  • El grado de visualización del objetivo sea nítido y sin ruido.
  • El objetivo se encuentre al alcance, es decir, que sea posible.
  • Que la acción suponga un desafío (reto personal)
  • Que su memoria emocional perciba el proceso de manera positiva. Tener recuerdos negativos relacionados con el desafío sería un lastre.
  • Que la recompensa sea lo más tangible posible.

Desplegar la vela de la motivación impulsa vigorosamente la acción, que muchas veces se convierte en aciaga. Es un factor que está unido necesariamente a un plan de acción y que se puede y debe entrenar.

El origen etimológico de la palabra “motivación” es del latín “motivus” (movimiento) y “cion” (acción). Pero cada uno tiene una manera de percibir su existencia y por tanto, distintas formas o motivos para empezar a moverse. Ese es precisamente el reto, conocer los mimbres de cada persona para saber cómo iniciar el proceso de izar la poderosa vela de la motivación que facilite el proceso. 

Os dejo con una de las sesiones de natación, en este caso sin corrientes y en mi piscina que, como véis, es pequeña. Gracias a unas gomas puede mantener el hábito de nadar cada mañana.

“Siempre es temprano para rendirse”Norman Vincent Peale.

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