Líder sin causa

Las personas solemos tender hacia esas posiciones en las que sentimos que nuestras habilidades son necesarias y suficientes. El carácter de cada persona es un mundo y, como en botica, hay de todo. Los hay alondras o búhos, pusilánimes y fríos o temperamentales y viscerales, sociales o lobos solitarios, etc. Es natural que, aun sin percatarnos en ello, intuyamos ciertos caminos como más apropiados para nuestro desempeño.

Hace tiempo vi la película The blind Side, protagonizada por Sandra Bullock, dirigida y escrita por John Lee Hancock y basada en la vida de la estrella de futbol americano Michael Jerome Oher. Michael fue un niño marginado que fue acogido en el seno de una familia acaudalada. Era un niño grande y protector. El colegio le hizo unos tests psicotécnicos y llamó la atención la calificación de una de las competencias que sobresalía desproporcionadamente sobre el resto. Se trataba de su instinto de protección. Empezó a practicar deporte pero su talento le llevó finalmente a ocupar el puesto “Offensive tackle” cuya misión principal es bloquear a los defensores del equipo contrario, conducta protectora que realizaba en la vida real de manera espontánea con su hermano adoptivo, haciendo gala de esa habilidad especial tan desarrollada. El resultado de los tests presagiaban un futuro nada halagüeño para el joven de no encontrar una actividad compatible con este carácter, sin embargo, el tesón y carácter de su madre adoptiva (Sandra Bullock) propició esa bendita alianza entre protagonista y causa. Sandra Bullock escenifica el papel clave del coach. En la vida real fue Leigh Anne Tuohy (madre adoptiva) sin cuya función, un líder más hubiera quedado huérfano de propósito en vida. Ella fue la artífice real de convertir la vida triste de un niño en una vida plena.

 Cuando una persona encuentra un desafío equiparable a su capacidad, entra en el túnel del desempeño ideal y experimenta la sensación de fluir, tal y como lo explica Mihaly Csikszentmihalyi. Sin embargo, el entorno es a veces puñetero y nos arrebata nuestras funciones, quedando momentáneamente a la deriva. Algo parecido a cuando sacamos a la superficie un motor de un fueraborda en marcha.

La compatibilidad y complementariedad entre aptitudes y causa es determinante en la realización de las personas y si este maridaje no se produce, no será eficiente el desempeño de las fortalezas. Desde la autenticidad y ambición de logro, con un adecuado respeto por el equipo es fácil que surja un liderazgo adecuado.

Un carácter forjado durante años o décadas, retroalimentado por unas aptitudes determinadas en el medio adecuado necesita de un ideal o propósito para alcanzar cierta plenitud o realización y si es continuado, la vida pierde sentido. Hay personas muy orientadas a la técnica capaces de aplicarla a numerosas disciplinas y encuentran sentido en la aplicación de su habilidad en cualquier campo. Por ejemplo, un ingeniero mecánico no encontrará un sinsentido reparar el tostador de su casa. Sin embargo, un director de expansión de una franquicia, experimentado en empujar una organización heterogénea hacía un objetivo, se moverá con dificultad en un ambiente más solitario o individualista.

Son personas que necesitan una causa para ejercer su liderazgo innato y cuando el entorno les arranca la causa, su desempeño cae súbitamente. Por eso es sumamente importante que las empresas de determinada dimensión cuenten con gente enfocada en la detección de talento. En muchas ocasiones vemos empleados desmotivados y hasta enemigos a ultranza de la organización porque no han recibido la oportunidad de abanderar una causa mediante la cual poder sentir esa realización e irradiar en su entorno un clima propicio a beneficio de la propia empresa. También es verdad que es responsabilidad del empleado rastrear la motivación que le reporte esa energía extra tan necesaria.

Una empresa debe conocer el lugar del motor. No es lo mismo colocarlo en proa que en popa.

Acabo de comprarme el libro “Legacy, lecciones de liderazgo de los Old Blacks“, escrito por James Keer y estoy deseando devorarle. El autor aborda conceptos como el liderazgo, identidad y cultura y nos aporta 15 lecciones magistrales. Utiliza para ello la legendaria historia del equipo de rugby de los Old Blacks, colectivo donde se ha ido grabando a fuego lento el ADN de la superación, la nobleza y el éxito. Creo que viene muy al caso del post de hoy. Como en PNL, desde el Club de Baloncesto de La Fábrica de Valores pretendemos modelar y emular la historia de este equipo, que encarna como nadie un gran ideal.

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